sábado, 22 de noviembre de 2014

De la Guerra Civil a la Autonomía en Andalucía


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En los albores del siglo XX Andalucía seguía sumida en la crisis y lastrada por la pervivencia de sus injustas estructuras agrarias.
Blas Infante
 
La restauración de la Monarquía trajo consigo una fuerte incidencia del caciquismo como práctica política generalizada, si bien el problema del desempleo fue paliado durante la década de los años 20 con las obras de infraestructuras impulsadas por la Dictadura de Primo de Rivera. En 1929 se celebró en Sevilla la Exposición Iberoamericana, que supuso una gran oportunidad de modernización para esta ciudad.
La falta de libertades y los problemas económicos acabaron con la Monarquía y en 1931 se proclamó la Segunda República Española, cuyo primer presidente fue el cordobés Niceto Alcalá Zamora. La inestabilidad política de este periodo, agudizada por el efecto retardado de la gran crisis del 29, impidió que se avanzara en la siempre aplazada reforma agraria. Tampoco pudo ver la luz el Estatuto de Autonomía de Andalucía, impulsado por Blas Infante.
Plaza de España de Sevilla
 
Tras la victoria de la izquierda en las elecciones de 1936, la sublevación militar del general Franco contra la República abrió el camino hacia la Guerra Civil, que se prolongó hasta 1939 y que tuvo sus secuelas algunos años más con la dura represión ejercida por el bando vencedor. Durante la mayor parte de la contienda, las provincias occidentales quedaron bajo el control de los sublevados, mientras la zona oriental permaneció dentro del territorio republicano.
Con la derrota de la República, se inicia la prolongada dictadura del general Franco, durante la cual tampoco se solucionará el endémico problema agrario. Como consecuencia, centenares de miles de andaluces se ven obligados a emigrar a Cataluña, País Vasco, Madrid y diversos países europeos y americanos. A partir de los años 60, el desarrollo del turismo se convierte en la principal válvula de escape que alivia los problemas económicos.

jueves, 9 de octubre de 2014

República y Guerra Civil en Andalucia



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En los albores del siglo XX Andalucía seguía sumida en la crisis y lastrada por la pervivencia de sus injustas estructuras agrarias.
Blas Infante
La restauración de la Monarquía trajo consigo una fuerte incidencia del caciquismo como práctica política generalizada, si bien el problema del desempleo fue paliado durante la década de los años 20 con las obras de infraestructuras impulsadas por la Dictadura de Primo de Rivera. En 1929 se celebró en Sevilla la Exposición Iberoamericana, que supuso una gran oportunidad de modernización para esta ciudad.
La falta de libertades y los problemas económicos acabaron con la Monarquía y en 1931 se proclamó la Segunda República Española, cuyo primer presidente fue el cordobés Niceto Alcalá Zamora. La inestabilidad política de este periodo, agudizada por el efecto retardado de la gran crisis del 29, impidió que se avanzara en la siempre aplazada reforma agraria. Tampoco pudo ver la luz el Estatuto de Autonomía de Andalucía, impulsado por Blas Infante.
Plaza de España de Sevilla
Tras la victoria de la izquierda en las elecciones de 1936, la sublevación militar del general Franco contra la República abrió el camino hacia la Guerra Civil, que se prolongó hasta 1939 y que tuvo sus secuelas algunos años más con la dura represión ejercida por el bando vencedor. Durante la mayor parte de la contienda, las provincias occidentales quedaron bajo el control de los sublevados, mientras la zona oriental permaneció dentro del territorio republicano.
Con la derrota de la República, se inicia la prolongada dictadura del general Franco, durante la cual tampoco se solucionará el endémico problema agrario. Como consecuencia, centenares de miles de andaluces se ven obligados a emigrar a Cataluña, País Vasco, Madrid y diversos países europeos y americanos. A partir de los años 60, el desarrollo del turismo se convierte en la principal válvula de escape que alivia los problemas económicos.


martes, 7 de octubre de 2014

El Desierto de Tabernas



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El desierto de Tabernas es un desierto localizado en la provincia de Almería (España), a unos 30 km al norte de la capital, Almería, en los términos municipales de TabernasGádor,Santa CruzAlboloduy y Gérgal de la provincia de Almería y protegido como Paraje Naturalen una extensión de 280 km2. Es la única zona considerada como desierto propiamente dicho en todo el continente europeo.
Las pocas lluvias suelen ser torrenciales, con lo que el pobre suelo de margas y areniscassedimentarias que posee muy poca vegetación no consigue retener humedad, sino que al contrario sufre mayor erosión formando los característicos paisajes de badlands.


viernes, 3 de octubre de 2014

«Los moriscos que llegaron a Túnez eran rubios y tenían los ojos azules»




¿Dónde es más famoso el arroz con leche, en nuestro país o en Túnez? ¿Y los pestiños, el turrón o el mazapán? La receta de estos postres de los que nos sentimos tan orgullosos en España viajó al otro lado del Mediterráneo, hace cuatrocientos años, formando parte del inmenso equipaje cultural que los moriscos expulsados de nuestro país extendieron por el mundo. Son sabores que compartimos, como tantas otras cosas. Nos lo explica Raja Yassine Bahri, profesora de la Universidad de la Manouba, en Túnez, y ponente en el Congreso Internacional sobre los moriscos que se celebra estos días en Granada con expertos internacionales.
-Empezar hablando de dulces me parece muy apetecible...
-Y a mí, porque la cocina es un aspecto fundamental de una cultura, y Túnez y España comparten postres deliciosos que son tan famosos allí como aquí: turrón, pestiños, torrijas, garrapiñadas, mantecados. y entre las comidas, los fideos, por ejemplo, es uno de los platos tradicionales. Y las empanadas, incluso tenemos una variedad de aceituna sevillana, deliciosa.
-¡Entonces en nuestro país se sentirá usted como en casa!
-¡Sí!, desde luego. Y estoy segura que les ocurre igual a los españoles que van a Túnez. Estamos felices de haber sido invitados a un congreso tan amplio, nunca antes se había celebrado un encuentro sobre esta tragedia de la expulsión de los moriscos con especialistas de todos los lugares del mundo. Está muy bien organizado.
Cristianos, en su mayoría
-¿Cómo eran los moriscos que llegaron a Túnez en el siglo XVII?
-Vinieron fundamentalmente de Aragón, casi todos eran rubios y con los ojos azules, y además cristianos que hablaban en castellano, en su mayoría. En un principio se esperaba un contingente de unas 80.000 personas.
-¿Se les permitió llevar al exilio todo lo que quisieron?
-Algunos llegaron con las manos vacías, a pie; otros, a caballo; incluso hubo gente que pudo traerse pertenencias e incluso a sus criados.
-¿Cómo se organizaron para vivir?
-Los más ricos, intelectuales o con oficios como el de médico se quedaron en la capital y alrededores. Los pobres y agricultores marcharon al campo, a los pueblos.
-¿Fue buena la llegada de estos extranjeros?
-Muy positiva, porque venían de un lugar mucho más avanzado de lo que estaba Túnez en aquel momento. Los campesinos, verdaderos maestros de la agricultura, levantaron el campo en muy poco tiempo, hasta el punto de que muchas personas se rebelaron contra ellos por envidias, porque cambiaron el panorama físico, a los dos años todo estaba florido, había árboles frutales, ¡igual que en España! Algunos de estos moriscos tuvieron que volver a hacer las maletas y, de nuevo, huir a causa de estos celos. Fundaron pueblos en la parte norte del país como Bizerta, Raf Raf, Soliman, Zaghouan o Ras El Jebel.
-¿Es cierto que mucha gente aún guarda las llaves de sus casas de España?
Sí, hay muchas familias originarias de España que se sienten orgullosísimas de su pasado. Con apellidos como Sechilla (procedentes de Sevilla), Cortobi (Córdoba), Andulsi (Andalucía) o, simplemente, Morisco.
-¿Y existe el deseo de recuperar lo que fue suyo, de una reconquista de Al-Andalus, como tantas veces se habla aquí, en España?
-En absoluto, nunca he escuchado a nadie decir algo así, eso es una tontería. Existe un sentimiento de nostalgia pero nadie habla de reconquistar. Lo único que hay es un deseo de acercamiento e intercambio, sobre todo en el plano cultural y científico.
-¿Pero quién quiere más a quién?
-Nosotros a vosotros, sin lugar a dudas. Los tunecinos sienten un enorme sentimiento de amor hacia España, que no tienen hacia otros países europeos. No lo veo tanto al revés.
Ropa, artesanía y bodas
-¿Qué otras tradiciones españolas perviven aún en Túnez?
-Muchas. Por ejemplo, en la artesanía. Y en la ropa todavía se utilizan trajes moriscos como la jobba, bordada con hilos dorados; la melena, traje muy amplio que llevaba la mujer morisca y la cofia sobre la cabeza, para las fiestas tradicionales.
-¿Y las bodas?
-En pueblos como Kalaat al-Andalus o Solimán, se continúa celebrando el matrimonio, hoy día, como se hacía en España antes de la expulsión. La fiesta dura tres días donde se baila, se canta, se tocan instrumentos musicales. Al tercer día el novio, rodeado de músicos, va a casa de la novia para recogerla rodeada de velas.
-¿Qué documentos existen sobre la vida de los moriscos en Túnez?
Hay uno fundamental, el diario del padre trinitario Francisco Ximénez, que tituló Diario de Túnez. Se trata de un manuscrito de siete volúmenes, unos 3.500 folios, que hemos descubierto en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid. El padre Ximénez estuvo en Túnez de 1720 a 1735. Uno de los fragmentos de su diario dice: 'Me parecía que estaba en una población de España. Este lugar está situado en una llanura cerca del río Macherda. Lo fundaron los moros andaluces que vinieron de España. Quisieron imitar a Granada en su fundación y a un barrio le llamaron Alhambra y otros nombres como en Granada. Todas las noches me hacían sentar en la calle a coger el fresco y de esta suerte estábamos parlando largamente en español. Referían muchos romances antiguos de Calahinos, de los infantes de Lara, de los moros de Granada, de suerte que me parecía estar en un lugar de España'.
-En consecuencia, lo que ha quedado es un gran mestizaje y una unión de culturas
-Así lo atestigua el padre Ximénez, que confirma la presencia morisca en Túnez. En efecto, la llegada de estas personas expulsadas de España ha metamorfoseado, profundamente, la sociedad tunecina de la época y su influencia llega hasta la actualidad.
-¿Algún ejemplo más de la vida práctica?
-Sin ir más lejos esta fotografía (Raja Yassine abre una guía de Túnez y aparece un rincón lleno de casas encaladas y tejados)... ¿sabrías decir si se trata de Túnez o de España?, pregunta. Le contesto que, efectivamente, no. Pues aquí hay una prueba más de la influencia de España.

jueves, 2 de octubre de 2014

La Guerra de Cuba La Generacion del 98 La Restauración y Andalucia


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La sociedad española de finales del siglo XIX y comienzos del XX estaba pasando una grave crisis. A finales del XIX, durante la Restauración, España vivía inmersa en una profunda depresión económica y social. El caciquismo viciaba toda la vida democrática. El país estaba regido por una administración ineficaz y corrupta. El Parlamento no representaba a la ciudadanía. Un desánimo general invadía a una nación que antaño había sido un gran imperio “en el que no se ponía el sol”.
La périda de las últimas colonias de ultramar (Cuba, Filipinas, Puerto Rico) en 1898 fue un hecho histórico gravemente traumático para los españoles de fin de siglo. El país ofrecía un perfil de absoluto inmovilismo propio de una sociedad agraria atrasada, reacia a cualquier innovación.
Esta situación de depresión propició el surgimiento de un pequeño grupo de la clase media que intentó presentar alternativas al estancamiento político y cultural del país proponiendo una “regeneración” nacional a nivel económico, político y social. Ante la desmoralización colectiva los “regeneracionistas” intentan levantar una sociedad en ruinas.
«José María Jover Zamora (“Historia de España” de Espasa Calpe, “El reinado de Alfonso XIII”) es prudente al preguntarse ¿cuándo termina el siglo XIX y comienza el siglo XX? Para Jover, la década decisiva, que transcurre entre 1895 y 1905, constituye la verdadera transición entre ambos siglos. Durante esa década, la Alemania de Guillermo II -retirado Bismarck-, que ya era una de las «grandes potencias europeas», pasa a convertirse en «gran potencia mundial». Y por vez primera entran en ese concepto dos potencias extraeuropeas: Estados Unidos, que desde 1894 figura en cabeza de la producción siderúrgica mundial -y esto significa poder naval-, y Japón, desde 1905, por su victoria sobre Rusia. Las potencias pasan de buscar el equilibrio mutuo a procurar el dominio personal de los mares. En esa década se alberga el año 1898, tan terrible para España, que pierde en Cuba, Puerto Rico y Filipinas los últimos jirones de su imperio, y representa para Jover el verdadero comienzo del reinado de Alfonso XIII. El cual periodo tampoco termina con la salida, en 1931, del Monarca del Palacio de Oriente, sino en 1936, al estallar la guerra civil, «cuya gestación transcurre al hilo de aquel reinado y sería inadmisible encerrarla en el lustro de la II República». El reinado del último Alfonso abarcaría así cuatro años antes de su mayoría de edad y cinco años después de su triste partida hacia el exilio.
Pero España no fue la única nación europea que padeció en torno al 98, y puede hablarse de los „noventa y ochos“ de varias naciones latinas: Portugal, en 1890, con el inesperado ultimátum que le dio Inglaterra, su aliada habitual, exigiendo la retirada de las fuerzas portuguesas en sus intentos de enlazar sus posesiones de Angola y Mozambique; Italia, con su derrota colonial de Adua, el 1 de marzo de 1896; Francia, humillada por los ingleses en Fachoda, en 1898: el general Marchand había tomado la ciudad del Sudán, en el curso superior del Nilo, y el general inglés Kitchener avanzó también sobre ella exigiendo la retirada de los franceses. El Gobierno galo, ante la situación crítica del país, dividido por el asunto Dreyfus, tuvo que ordenar finalmente la retirada y renunciar a todos sus intereses en el Sudán. Y por último, nuestro desastre del 98.
Enseguida se elevó la voz de Salisbury -que gobernó Inglaterra precisamente en la mayor parte de la década decisiva - hablando de las «naciones vivas» -las anglosajonas- y las «naciones moribundas» -las latinas-, las cuales serían poco a poco ocupadas por las primeras. No citaba nombres, pero no se dudó -aunque el propio Salisbury lo desmintiera- que también se refería a toda la península Ibérica.»

Cuando hablan de Paro en España, es real ?



Andalucía acapara más de la mitad del aumento del paro de toda España



El número de parados registrados en las oficinas del Instituto Nacional de Empleo (INEM) en Andalucía ha aumentado en el mes de septiembre en 10.665 personas, lo que supone una subida del 1,05 por ciento respecto al mes anterior, según los datos facilitados este jueves por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, con lo que se alcanza los 1.029.097 desempleados en Andalucía.
Asimismo, en términos interanuales, el paro ha descendido en 20.359 personas en el noveno mes, lo que representa una bajada del 1,94 por ciento respecto al mismo mes del año anterior.
A nivel nacional, el número de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo (antiguo Inem) se situó al finalizar septiembre en 4.447.650 personas, tras subir en 19.720 desempleados respecto al mes anterior, su menor incremento en este mes desde 2007.
Con el aumento de septiembre, el paro encadena dos meses consecutivos de incrementos. Septiembre es un mes en el que suele aumentar el paro por el fin de la campaña de verano. Desde el comienzo de la serie, en 1996, sólo en los años 2005, 2006 y 2007 se redujo el desempleo. El año pasado, el paro subió en septiembre en 25.572 personas y, hasta la fecha, el incremento más elevado corresponde a septiembre de 2011, con 95.817 parados más.
En los últimos seis años, el paro registrado ha aumentado por término medio en los meses de septiembre en más de 70.000 personas, según ha recordado el Ministerio.
En Andalucía, por sectores, el paro registrado en Andalucía ha subido especialmente en el sector Servicios, con 18.782 parados más, junto al colectivo de sin empleo anterior (+2.933); mientras que en el resto de sectores se registraron bajadas. En concreto, en Agricultura descendió en  7.209, en la Construcción, en 2.677, y en la Industria, en 1.164.
Por sexos, de los 1.029.097 desempleados registrados el pasado mes en Andalucía, la mayor parte fueron mujeres, con 543.197 desempleadas, mientras que 485.900 eran hombres.
El desempleo registrado en el INEM ha bajado en septiembre sólo en la provincia de Sevilla, mientras que en las siete restantes ha aumentado. En detalle, en la capital andaluza ha bajado en 3.572 parados (-1,44% respecto al mes anterior), mientras que en Cádiz ha aumentado en 6.372 (+3.55%); en Málaga, en 2.761 (+1,50%); en Granada, en 2.133 (+2,10%); en Huelva, en 1.123 (+1,86%); en Jaén, en 1.084 (+1,66%), y en Córdoba aumentó en 416 parados más (+0,44%).
SEGURIDAD SOCIAL
De otro lado, la afiliación media a la Seguridad Social ha descendido en Andalucía en 2.758 parados (-0,10%) en el mes de septiembre en relación con la media del mes anterior, con lo que la afiliación media se situó en 2.675.010 ocupados en la Comunidad.
En relación con el mismo mes del año anterior, la afiliación media ha subido en 57.368 personas, lo que supone un incremento del 2,19 por ciento.
A nivel nacional, la Seguridad Social ganó en septiembre una media de 12.182 afiliados (+0,07%), lo que situó el total de ocupados en 16.661.703 afiliados.
En lo que respecta a la contratación, el número total de contratos registrados en septiembre en Andalucía ascendió a 2.950.685, de los que 2.841.279 fueron contratos temporales, el 96,29 por ciento del total, y el resto, 109.406, fueron indefinidos, un 3,71 por ciento del total.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Los Últimos de Al-Ándalus






Los últimos de Al-Andalus
Eugeni Casanovas
El reportaje  original fue publicado por el diario catalán LAVANGUARDIA, en su suplemento Revista, en las páginas centrales 10 y 11, el día 12 de noviembre de 2.006.

En la sierra del Segura se mantiene el recuerdo de descendientes de moriscos que practicaban costumbres musulmanas 
Juan López González se postraba de rodillas mirando al este y tocaba repetidamente con la frente en el suelo. Al sol le llamaba a veces Mahoma. A menudo recitaba unas salmodias incomprensibles con un libro viejísimo en las manos, con tapas negras de madera, que escondía dentro de una talega en una viga. En Semana Santa, cuando por el pueblo desfilaban procesiones, él no probaba ningún alimento mientras hubiese luz natural. Esos días, colocaba un plato vuelto del revés en el umbral de la puerta de su cortijo: Un día que un vecino le preguntó porqué lo hacía, respondió ruborizado que era para que el plato se secase. “Es que estaba muerto de miedo, siempre se escondía y me pedía a mí que no contase nada de lo que le veía hacer -explica hoy su hija Venerada-; él y su hermano salían a rezar al campo, para que nadie les viese”. Antes de comer, inclinaba la cabeza y susurraba una salmodia en la que repetía mucho Alá. Tenía expresiones propias: decía arua jimena (ven aquí) jarria (mierda), quém (perro)… “Es nuestra tradición -me contaba-pero eso no debes decirlo fuera de casa”.
Juan López murió en 1986, cuando Vene, así la llama todo el mundo-contaba 31 años. Ella se fue entonces a trabajar a Francia. En su pueblo, Riópar, inmerso en la Sierra del Segura, se pasaban tiempos de estrechez. La mujer se llevó una sorpresa mayúscula en su lugar de trabajo cuando oyó que un compañero marroquí le decía arua jimena, como su padre. El marroquí le enseñó un Corán y Vene lo asoció inmediatamente con el librote que su padre bajaba con una pértiga de la viga. Llena de curiosidad, buscó el texto en español y comprobó que allí se citaban las uríes, otra palabra de su padre. Vene duda de que su progenitor entendiese gran cosa: “Se ponía las gafas y lo abría, pero yo le preguntaba cosas de él .y no sabía responderlas”.
Vene vive hoy en el cortijo de su padre, llamado Martínez Campos porque, dicen, fue del general. Su progenitor había nacido en él. El padre de él era de Bogarra, un lugar vecino. Su bisabuelo procedía de Las Casicas del Segura, otra aldea cercana. A pesar de éste pedigrí, su padre y su abuelo decían siempre que la familia era “de Granada”, Y cuando precisaban más, de las Alpujarras y de Motril. Sin embargo se trataba de una especie de me memoria ancestral, porque no había constancia de qué antepasados se habían trasladado hasta la Sierra del Segura. Esa memoria también había transportado a través de los siglos el recuerdo de Abén Humeya, “que era nuestro rey, un santo varón, un gran hombre”, en palabras del padre.
Juan López fue quizás el último, pero no el único. Aurelio Amores, que nació en 1918, recuerda que en su juventud los más mayores de Riópar Viejo (el núcleo original del pueblo), donde él vivía, “adoraban al sol” al amanecer. “Se asomaban a los riscos de levante y se hincaban de rodillas y hacían reverencias”, asegura. “No eran pocos; había, al menos, una docena”, y repetían jati mali. Aurelio tiene bien claro porqué los viejos ejecutaban este ritual: “Era su religión, adoraban al sol como nosotros lo hacemos con Jesucristo”. En ningún momento se le ocurre vincular estos actos con el Islam, del que él no tiene noticias. Dos generaciones anteriores a la suya estas prácticas estaban generalizadas en su vallé. “Mis abuelos me contaban que cuando ellos eran jóvenes había muchos viejos que se postraban mirando al levante varias veces al día”, explica.
Riópar está situado en el sur de la provincia de Albacete, tocando a la de Jaén, en un valle cerrado al que sólo puede accederse a través de tres puertos situados entre los 1.100 y los 1.400 metros de altitud, nevados en invierno: “Hasta hace muy poco esto estaba perdido de la mano de Dios”, explica Juan Valero Valdelvira, un empresario de 50 años que tiene una empresa de producción de maderas nobles. “Cuando yo era pequeño aún no había carreteras y la población vivía en cortijos diseminados por el monte; está claro qué aquí no llegó la inquisición y en el momento de la expulsión en 1609 los musulmanes nativos no fueron molestados”.
El padre de Juan Valero era matarife y él le acompañaba por los cortijos de la sierra a hacer su trabajo. “Estuviera donde estuviera la casa siempre situaban la mesa de la matanza encarada al este, con una desviación de cinco grados hacia el sur, exactamente la dirección de La Meca. Yo me di cuenta de eso hace diez años y pregunté a diferentes cortijeros porqué ponían la mesa en esa posición. La respuesta invariable era que siempre había puesto así” .Valero cuenta que las costumbres de su abuelo eran de musulmán, por su austeridad, por su visión de la vida…aunque él mismo no lo sabía. El le llamaba “hermano”, un apelativo que se daba a la gente mayor y respetada, como se hace en árabe. Su abuelo que no se movió nunca del pueblo hablaba siempre con nostalgia de Granada e indicaba el camino por el que se va a la vieja capital nazarí. Él todavía celebraba la vieja costumbre moruna de dar de comer a los animales lo mismo que a las personas un día al año, y para matar una bestia pedía permiso a las alturas. Pensaba, como hoy todos los viejos del valle, que una mujer no puede subir a un árbol cuando menstrúa, porque éste se secará según anuncia el Corán.
Indumentarias características
En las familias de tradición musulmana aún hay recuerdos de la indumentaria característica. Vene había oído en casa que el abuelo de su abuelo llevaba siempre “una bata” encima de los pantalones y la camisa, “una chilaba”. Su abuelo le contaba que iba a trabajar al campo con ella. El último de Riópar en llevar bata fue el llamado tío Sayas por su atuendo. Murió en 1971 y su recuerdo sigue muy vivo. “Dicen que llevaba la saya porque tenia incontinencia urinaria, pero es obvio que él no la había improvisado”; comenta Juan Valero. Su propio bisabuelo llevaba un pañuelo envuelto en la cabeza; “al estilo morisco”.
La madre de Juan Valero, Aurora Valdelvira, todavía sabe anudar el pañuelo de esa manera y tiene recuerdos también de una persona que se arrodillaba y hacía reverencias: “Yo veía hacer eso a un labrador, Lorenzo Castillo Peinado, hará unos sesenta años. Dejaba el tiro del arado a un lado y se agachaba y se levantaba en dirección al Collado de la Rambla, -la dirección de La Meca-. ¿Qué hace éste?, me preguntaba yo”.
Aurora coincide con su hijo en que su suegro “tenía muchas cosas de moro”. Recuerda su petición de mano y su boda, en que los padres del novio adornaron caballerías con colchas de cama y fueron hasta su cortijo, donde se hizo una fiesta con vino azucarado y dulces. A ella le pusieron un delantal y todos le tiraban dinero en él. Cuando murió la hermana de su padre la amortajaron de blanco y le pusieron un ramo de flores en las manos, y la velaron durante toda la noche. Juan Valero explica que casi todas estas costumbres y muchas otras de Riópar se ven reflejadas en el libro de Gerald Brenan “Al sur de Granada”. El escritor inglés vivió en la década de 1920 en un pueblo de Las Alpujarras, Yegen, y describió el carácter y las costumbres de sus gentes.
La cocina es otro elemento muy particular en las familias tradicionales de Riópar. El padre de Vene preparaba cuscus (“él lo llamaba así”), con cordero, patatas, garbanzos Y harina tostada, con un sofrito de cebolla, tomate y perejil. Pero lo que más recuerda son las almujábenas, unos dulces que se hacen en distintos lugares, que su padre enseñó a preparar a su madre -que no compartía sus tradiciones- y que se comían durante la Semana Santa, con harina, huevos, agua y azúcar. Aurora Valdelvira prepara, por su parte, nuégadas, unas bolas hechas con nuez y azúcar tostado.
El padre, cuyo oficio era resinero de monte y apenas salió de Riópar, decía a Vene que los árabes gustaban mucho de los dulces y que los hacían con miel. Luego de muchos años, ella ha vuelto a preparar almujábenas y otra repostería de la que se hacía en su casa, y ha empezado a servirla a sus huéspedes, porque, tiene habitaciones, de turismo rural.
Cuando Juan López y su hermano ayunaban por Semana Santa, hacían un preparado con harina, que comían antes del amanecer y al anochecer, pero Vene no sabe exactamente qué era. En esos días no fumaban ni tomaban vino. Vene explica que una tarta hecha con manteca de cerdo tradicional en Riópar en su casa se hacía siempre con manteca de vaca.“
Mahoma debe estar radiante
Vene tuvo que hacer la comunión como todas los niños del pueblo y su padre se llevó un disgusto; “él jamás entraba en la iglesia”. “Mi madre insistió en que la hiciera porque `”si no, nos iban a señalar”, pero yo fui la única que no fue a la catequesis”. Con el matrimonio, muerto ya Franco, ya no tuvieron reparos. “Yo no me casé por Iglesia: mi padre no quería”, explica. Aunque sí tuvo una pequeña ceremonia casera: Su progenitor hizo unas señas con la mano delante de ella y le dijo: “Salte de la casa y echa el pie derecho hacia delante, y ya serás para él el resto de la vida”. Antes le había a advertido: “No te has de casar un día de lluvia o nublado, tiene que estar el cielo claro; Mahoma debe estar radiante”.
Juan López explicaba a su hija que su identidad era postiza. “Nosotros venimos de la raza de los Caravavantes y de los Navalón; perdimos el nombre y nos pusieron otro”. En este sentido, Juan Valero tiene muy claro de dónde vienen muchos de los apellidos del valle y la trayectoria que han seguido. “Mi segundo apellido, Valdelvira, es bab elvira (puerta bella) -es famosa la de Granada-, y los que se llamaban así jamás fueron bautizados, lo mismo que los Banegas a los Alarcón, es decir, nunca hicieron la conversión oficial al cristianismo, y eso se sabe en las familias”. En Riópar se han conservado también algunos términos árabes particulares –Valero ha recogido más de 200- como aljuma (hoja de pino) y estar en fárfaras (sin vigor).
Un tonillo característico
El pueblo murciano de Albudeite es quizás el único lugar del antiguo Al Andalus donde ha permanecido el acento propio de los árabes. Sus habitantes conservan una cantinela peculiar que llaman tonillo y, además, no usan el pretérito indefinido (no dicen, por ejemplo, “he estado ”sino “estuve”), un tiempo verbal inexistente en la lengua árabe de sus antepasados. El alcalde la población, Joaquín Martínez, explica que en la tradición local se ha conservado que “vienen de moros” y, por supuesto, en los pueblos vecinos se han encargado de recordárselo con motes y chirigotas, en los cuales siempre figura el mismo gentilicio: moro. La memoria popular vino a confirmarse cuando el historiador Juan González Castaño dio con un documento que probaba que Albudeite fue respetado en la expulsión general de los moriscos. “No se sabe por qué razón, pero la cuestión es que aquí se quedó el pueblo entero”, explica el estudioso, que especifica que esto no sucedió en ningún otro lugar de la Península.
Murcia fue el último lugar en expulsar a sus moriscos. La conquista se había producido en 1.252 y los descendientes de musulmanes estaban muy asimilados. Ello hizo que desde los estamentos del reino se mandaran súplicas a Felipe II para que les permitiera quedarse, porque la mayoría eran católicos practicantes y tenían buena vecindad con los llamados cristianos viejos. Por esta razón, la expulsión general de 1.609 y 1.610 los respetó, pero el rey, presionado por una parte de los intransigentes del Consejo Real y, de otra, por los defensores de los moriscos, mandó en 1.612 a un dominico (la orden de la Inquisición), Juan de Pereda, para que informara sobre la conducta de los descendientes de musulmanes. El fraile recorrió durante dos meses muchos de los pueblos donde había mudéjares y entrevistó a centenares de personas. Comenzó en el Valle de Ricote (1), poblado casi enteramente por antiguos musulmanes (Cervantes llama, justamente, Ricote al morisco que aparece en el Quijote), y siguió el curso del Segura hasta Murcia. El dominico contabiliza que en Albudeite había 312 mudéjares y sólo seis cristianos viejos. El fraile señala tonillo en los habitantes de Priego –“donde hay 935 mudéjares y 59 cristianos viejos”-, Fortuna –“684 mudéjares y 54 cristianos viejos”-; “en este lugar se conoce algo más el tonillo de moriscos y también retienen el modo de llorar a los muertos” (otro signo musulmán) y en el Valle de Ricote encuentra el tonillo en todos los pueblos. Concretamente en Ricote y en Ojós “dicese desta gente que tienen más tonillo que otros y que en el comer tocino se excusan más que en otras partes”. A pesar de estas reminiscencias, el dominico concluyó que “a mi parecer hay bastantisimo testimonio para darlos por buenos cristianos y fieles vasallos de Su Majestad”. Con todo, los moriscos murcianos fueron expulsados a principios de 1.614. Juan González Castaño, que ha publicado el informe de Juan de Pereda explica que “muchos se quedaron camuflados; otros, protegidos por señores y convecinos; otros profesando en conventos deprisa y corriendo…y otros volvieron al cabo del tiempo y reclamaron sus tierras y demás posesiones”. Una mayoría se refugió en el reino de Valencia y luego regresaron a Murcia, donde un informe de agosto de 1.615 explicaba que “hay tantos que parece que no se ha hecho la expulsión”. Esto fue general en todos los reinos peninsulares, donde, sumados a los convertidos de antiguo, se quedaron muchos más de los que se fueron. En lugares como las Alpujarras, Gerald Brenan constató que a principios del siglo XX conservaban muchas de sus viejas tradiciones.

lunes, 15 de septiembre de 2014

La Primera República y Andalucía


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El Regionalismo andaluz o el Autonomismo en Andalucía surgió a finales del siglo XIX, como todos los nacionalismos de España. Su nacimiento viene dado por la reacción frente alcentralismo impuesto del sistema liberal, unido a los movimientos románticos que defendían la identidad de los pueblos y la corriente federalista muy difundida durante la I República. Estos movimientos tuvieron un fuerte arraigo en regiones periféricas como Cataluña y País Vasco, si bien en Andalucía careció de un apoyo popular generalizado desde su nacimiento.1
Hay que remontar el regionalismo andaluz a las revueltas producidas en 1835 con la formación de unas Juntas aglutinadas en torno a la Junta Suprema de Andújar. Dicha junta disponía de ejército propio y tenía la finalidad de negociar los asuntos concernientes a Andalucía ante el gobierno central de Madrid. Estas juntas fueron suprimidas por Mendizábal, sin que llegaran a cuajar. Con la I República se desarrolla un movimiento federalista que va a ir derivando en movimientos cantonalistas, sin que estos guarden una relación clara con el andalucismo.2
Hasta la década de los 60 no volvió a surgir un movimiento regionalista en Andalucía, en esta ocasión encabezado por Antonio Machado Núñez y su hijo Antonio Machado Álvarez. La corriente se centró en el estudio del folklore y las raíces culturales de Andalucía. Se fundó elAteneo de Sevilla y las revistas Folklore Andaluz y Folklore Bético-extremeño, además de la primera publicación de una historia general de Andalucía por Joaquín Guichot.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Los orígenes del andalucismo



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En este documental descubrirás por qué celebramos el 28 de Febrero el día de Andalucía, cuál es el origen de los símbolos de Andalucía: la bandera, el escudo y el himno; por qué Blas Infante es el padre de la patria andaluza, y por qué Andalucía es una comunidad autónoma. Además, descubrirás los acontecimientos históricos más importantes que han forjado nuestra cultura, nuestras costumbres y nuestra forma de ser, a lo largo de la apasionante Historia del territorio de Andalucía.

martes, 2 de septiembre de 2014

Navidad en Andalucia



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Hay momentos en los que Andalucía se muestra con una luz especial, con un sentir especial y donde todo se expresa con más recogimiento, con más autenticidad.
La Navidad en Andalucía es un período del año donde todo lo usual se vive de una forma diferente, en un ambiente vibrante y maravilloso que cambia, por unos días, la forma en que hacemos todas las cosas.
Las ciudades se visten de luces de colores, destellos de estrellas, las calles se llenan de olores, de música, de encuentros y de saludos, pues todos vuelven a Andalucía para compartir con sus seres queridos laNavidad.
La Navidad de Andalucía está llena de tradiciones muy antiguas que se han heredado de padres a hijos y que hacen que en nuestra tierra, la Navidad sea un momento tan especial.
Andalucía, tan acogedora como siempre, también quiere contar contigo en Navidad. 

lunes, 25 de agosto de 2014

La Constitución de Cádiz de 1812


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La Constitución española de 1812,2 conocida popularmente como La Pepa o La Constitución de Cádiz,3 fue promulgada por las Cortes Generales de España, reunidas extraordinariamente en Cádiz, el 19 de marzo de 1812. Se le ha otorgado una gran importancia histórica por tratarse de la primera constitución promulgada en España,4 además de ser una de las más liberales de su tiempo. Respecto al origen de su sobrenombre, la Pepa, no está muy claro aún, pero parece que fue un recurso indirecto tras su derogación para referirse a ella, debido a que fue promulgada el día de San José.
Oficialmente estuvo en vigor sólo dos años, desde su promulgación hasta su derogación en Valencia, el 4 de mayo de 1814, tras el regreso a España de Fernando VII.5 Posteriormente se volvió a aplicar durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836-1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837. Sin embargo, apenas si entró en vigor de facto, puesto que en su período de gestación buena parte de España se encontraba en manos del gobierno pro-francés de José I de España, otra en mano de juntas interinas más preocupadas en organizar su oposición a José I y el resto de los territorios de la corona española (los virreinatos) se hallaban en un estado de confusión y vacío de poder causado por la invasión napoleónica.
La constitución establecía la soberanía en la Nación (ya no en el rey), la monarquía constitucional, la separación de poderes,6 7 la limitación de los poderes del rey, elsufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, entre otras cuestiones, por lo que "no incorporó una tabla de derechos y libertades, pero sí recogió algunos derechos dispersos en su articulado". Además, incorporaba la ciudadanía española para todos los nacidos en territorios americanos, prácticamente fundando un solo país junto a las excolonias americanas.8
Por el contrario, el texto consagraba a España como Estado confesional católico, prohibiendo expresamente en su art. 12 cualquier otra religión,9 y el rey lo seguía siendo "por la gracia de Dios y la Constitución".10 Del mismo modo, este texto constitucional no contempló el reconocimiento de ningún derecho para las mujeres, ni siquiera el de ciudadanía11 (la palabra "mujer" misma aparece escrita una sola vez, en una cita accesoria dentro del art. 22), aunque con ello estaban en plena sintonía con la mayoría de la sociedad española, europea y americana del momento.


domingo, 24 de agosto de 2014

El sur también existe: Murcia, Almería, Granada y Málaga



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Serie documental que recorre la geografía peninsular desde el aire con el objetivo de resaltar aspectos geográficos, históricos y culturales. Durante los tres meses de rodaje, el equipo contó con la última tecnología y recorrió todas las autonomías.

viernes, 22 de agosto de 2014

De cómo los hispanos se convirtieron en árabes



AlhambraVista del mihrab en la Alhambra en una imagen del siglo XIX. / J. LAURENT (BIBLIOTECA NACIONAL)









Uno de los temas que más difícil nos resulta explicar a los historiadores es el significado que tienen los pueblos en la Historia. Hablamos de romanosvisigodos o árabes, pero pocas veces explicamos lo que queremos decir con esos apelativos. No es, pues, de extrañar que sigan muy presentes aquellas tediosas enseñanzas escolares que dibujaban a los romanos trayéndonos acueductos; a los visigodos, escudos y espadas; o a los árabes, en fin, regadíos y la Alhambra. Detrás de esta visión latía la idea de que "nuestros ancestros" habían sido dominados por estos pueblos en distintos momentos, mientras el "pueblo originario" -o los diversos "pueblos originarios", dependiendo del prisma nacionalista que se elija- continuaban su larga andadura histórica. Fruto de esta visión, forjada en púpitres de madera con tintero, es que un antiguo presidente del Gobierno de España tuviera la peregrina ocurrencia de declarar que los árabes tenían que pedir perdón a los españoles por haberles conquistado.
Las cosas afortunadamente son algo más complejas y también bastante más interesantes. Me centraré en el caso de los árabes, que es el que mayores confusiones genera, pues no en vano los nacionalismos ibéricos han hecho de la idea de Reconquista su santo y seña particular.
Es un error muy común creer que los árabes eran un pueblo de camelleros nómadas en estado semi-salvaje antes de la aparición del islam. Lo que se sabe de la Arabia preislámica, por el contrario, es que albergaba poblaciones muy diversas, algunas de ellas instaladas en ciudades con larga tradición comercial y una cultura nada rústica. Las miles de inscripciones encontradas allí hablan en distintos dialectos y caracteres de una sociedad estrechamente relacionada con los grandes imperios antiguos, y en la que existían también pujantes reinos e incluso una literatura muy interesante, que ha dejado restos de una excepcional poesía.
Las grandes conquistas producidas tras la aparición del islam no fueron provocadas por un alocado movimiento de tribus montadas en camellos, sino que estuvieron dirigidas por la élite árabe nacida al amparo de la nueva religión predicada por el profeta Mahoma. Lo que sabemos sobre esas conquistas apunta hacia un patrón casi siempre muy similar: la gran debilidad de los estados de la época hacía que dependieran mucho de la suerte del ejército de su rey o de su emperador, de tal manera que su derrota en una o dos batallas campales dejaba sin defensa a unas poblaciones que quedaban abandonadas a su propia suerte. Los ejércitos árabes podían tomar entonces las principales ciudades -Damasco, Jerusalén, Ctesifón, Alejandría, Cartago, Córdoba o Toledo- sin encontrar mucha oposición. Tras hacerse con los resortes de la administración conseguían que la posible resistencia en otras zonas no pudiera reorganizarse y que fueran muchos quienes optaran entonces por pactar con los invasores. Ello permitió conquistas fulminantes de las que se benefició inmensamente la nueva élite, que se hizo construir grandes y hermosos palacios en lugares de la actual Siria y Jordania. En uno de ellos, Qusayr Amra, unas pinturas realizadas para el califa omeya en la primera mitad del siglo VIII muestran al rey visigodoRodrigo -con una inscripción que le identifica- junto a los emperadores bizantino y sasánida: los grandes derrotados por los ejércitos de los califas.
SelloPrecinto de plomo a nombre del gobernador árabe de al-Andalus Anbasa ibn Suhaym (721-726). Colección Tonegawa.
Se dice a veces que la conquista de Hispania del año 711 fue llevada cabo por tropas mayoritariamente bereberes -es decir, gentes procedentes del norte de África- lo cual significaría que de árabe no habría tenido mucho. Sin embargo, esa idea no es correcta, dado que tanto la dirección de la misma, como su orientación ideológica eran árabes, como también lo fue su resultado: la integración de Hispania -ahora llamada al-Andalus- en el imperio de los califas árabes de Damasco. De la misma manera que a nadie se le ocurre dudar del carácter de las conquistas de Roma por la variada procedencia de los legionarios que las realizaban, es erróneo poner en duda el carácter árabe e islámico de la conquista por el hecho de que muchas de sus tropas procedieran del norte de África. Además, en torno al año 741 un nuevo ejército árabe llegó a al-Andalus, y sus numerosas tropas se diseminaron por buena parte de este territorio, contribuyendo así a reforzar el carácter árabe e islámico de la ocupación. Quienes organizaron, dirigieron y administraron la conquista fueron, pues, los árabes, y los testimonios contemporáneos en papiros procedentes de latitudes como Egipto demuestran que, como todos los conquistadores, se tomaron muy en serio su papel de dominio sobre las poblaciones sometidas.
La consolidación de este dominio comenzó a cambiar las cosas. De hecho, es llamativo el destino de los bereberes llegados a la península. Perdieron rápidamente su propia lengua -que nada tenía que ver con el árabe- hasta el punto de que el castellano apenas incorporó palabras procedentes del bereber, al contrario de lo que haría con el árabe, del que proceden entre 4000 y 5000 vocablos. Estos bereberes, por lo tanto, se arabizaron muy rápidamente tanto en su lengua, como en sus nombres y usos culturales. Un sabio andalusí muy conocido, debido a que fue uno de los introductores del rito jurídico malikí, llamado Yahya b. Yahya (m en 848), tenía un nombre indistinguible de cualquier árabe, pero descendía de un ancestro bereber llegado con la conquista cien años antes.
También la población indígena comenzó a adoptar la lengua árabe de forma muy rápida. Hay muchas pruebas de ello. En un célebre texto, el escritor cristano Álvaro de Córdoba se quejaba en pleno siglo IX de que sus correligionarios más jóvenes apenas se interesaban por el latín y los escritos eclesiásticos, prefiriendo la lectura de los poetas árabes. Por la misma época, un gobernador árabe de Mérida, prendado de las antiguas inscripciones que todavía abundaban en la ciudad, quiso saber lo que decían, pero no encontró entre todos los cristianos a nadie que supiera descifrarlas, excepto un clérigo viejo y decrépito. Un siglo más tarde, libros sagrados como los Salmos o incluso el Evangelio tenían que ser traducidos al árabe, como también lo fueron los propios concilios de la iglesia hispana en pleno siglo XI. Todo ello demuestra que los cristianos que todavía quedaban en al-Andalus tenían que traducir sus textos religiosos al árabe para poder entenderlos.
Este proceso de cambio es conocido como arabización. A él contribuyeron también los matrimonios mixtos producidos después del año 711 entre mujeres indígenas y conquistadores. Fueron muy numerosos, -el más conocido el de Sara, la nieta del rey visigodo Witiza- aunque no eran muy bien vistos por las jerarquías eclesiásticas, tal y como demuestra una carta del papa Adriano, quien a finales del siglo VIII, se lamentaba de que en Hispania las gentes daban a sus hijas en matrimonio a los paganos. Estas quejas, sin embargo, poco podían hacer para detener unos procesos sociales imparables, que acabaron suponiendo la fusión de conquistadores y conquistados y la arabización completa de estos últimos. El resultado fue que varias generaciones después de la conquista mucha gente había perdido la conciencia de sus ancestros indígenas.
Escanear0434Un caso muy evidente -y siempre citado- es el del gran escritor Ibn Hazm [en la imagen], autor de un magnífico tratado sobre el amor, El Collar de la Paloma (Tawq al-hamama), quien con toda probabilidad descendía de indígenas, pero para el cual las principales referencias culturales eran árabes y, por supuesto, islámicas. Los casos más extremos de arabización eran los de personajes que, a pesar de que descendían de bereberes o indígenas, pretendían tener ancestros en la Arabia preislámica, lo que da buena muestra del prestigio que esta noción tenía en la sociedad andalusí. La arabización lingüística, por lo demás, ha sido brillantemente demostrada por arabistas españoles como Federico Corriente, que han sido capaces de establecer los peculiares rasgos morfológicos, fonéticos y léxicos que tenía el árabe hablado por la inmensa mayoría de las gentes en al-Andalus.
Siempre que se habla de estas cosas, sin embargo, uno debe temerse lo peor. Es inevitable que surja el Unamuno de turno, que se tome todo esto a la tremenda y nos regale atormentadas disquisiciones, que insisten en ver en lo ocurrido hace mil y pico años los gérmenes de nuestra contemporánea aflicción. Tampoco suele faltar una visión nacionalista árabe que intente demostrar la superioridad de esta cultura a lo largo de los siglos. Las gentes aquejadas por estas visiones tan trascendentalistas del pasado -a pesar de que éste insiste en ser miserablemente materialista- suelen discutir entre sí con gran pasión y con información no muy veraz, lo que provoca embrollos sin cuento, que mezclan lo ocurrido en los siglos medievales con situaciones contemporáneas para perplejidad de los más sensatos.
Me consta que a muchos de mis colegas estos embrollos les provocan cierto tedio y una comprensible desgana por embarcarse en la divulgación de los conocimientos que atesoran. Pero me temo que nuestro compromiso social de historiadores no nos deja elección, y que, a despecho de malentendidos y tergiversaciones, debemos explicar lo que la investigación ha venido sacando pacientemente a la luz y que, en muchos casos, no son meras opiniones, sino hechos plenamente verificados. Y uno de esos hechos es que, tiempo después de la conquista militar, los descendientes de los hispanos sometidos comenzaron a convertirse en árabes desde el punto de vista cultural y lingüístico: algunos siguieron manteniendo su religión cristiana -los llamados mozárabes-, mientras que otros muchos se convirtieron al islam. Queda para otra ocasión este tema, el de la islamización religiosa, del que apenas hemos podido hablar aquí y que merece también una larga explicación.
Mientras tanto quédense con esta idea. Contrariamente a lo que pretende el pensamiento histórico más conservador (que anda últimamente muy desbocado), la Historia es un proceso continuo de cambio y transformación.

lunes, 18 de agosto de 2014

La Revolución Industrial en Andalucía

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1.         Los orígenes de la industrialización en Andalucía
1. Factores de la industrialización andaluza
La revolución industrial, que había tenido su origen en Inglaterra durante las últimas décadas del siglo XVIII, alcanzó España concluido el primer tercio del siglo XIX aunque su gran impulso se produjo en la década comprendida entre 1840 y 1850. Inicialmente Andalucía se mantuvo a la cabeza del proceso industrializador, debido a la confluencia de una serie de factores favorables:
  • Alto crecimiento demográfico, por encima de la media española.
  • Estrecha y antigua vinculación comercial con el Reino Unido a través de Gibraltar, del comercio de los puertos de Cádiz y Málaga y por la presencia de un importante grupo de industriales británicos en Sevilla y Jerez de la Frontera.
  • Relación tecnológica con el Reino Unido: a Cádiz llegaron algunas de las primeras máquinas de vapor de Watt a fines del siglo XVIII.
  • Grandes recursos mineros, especialmente de minerales de plomo, cobre e hierro.
  • Acumulación de capitales, provenientes de la agricultura.
  • Mano de obra barata y abundante, proletarizada por el fracaso de la desamortización, para la creación de una clase media propietaria y rural.
  • Notable burguesía comercial, avanzada en ideas, fundamentalmente establecida en Cádiz y en Málaga.
Sin embargo, a pesar de unas expectativas iniciales muy prometedoras, la industrialización en Andalucía fue desequilibrada: dispersa en pequeños núcleos muy separados entre sí, prematura y no respondió a las necesidades reales del mercado.
2. La primera industria siderúrgica y textil andaluza
Las primeras iniciativas industrializadoras del siglo XVIII se vieron frenadas por la inestabilidad propiciada por la guerra de la Independencia, por el estancamiento que representó el reinado de Fernando VII y por el negativo impacto de la pérdida de las colonias americanas sobre el comercio. Superadas estas dificultades a partir de los años treinta, se asistió a una primera industrialización, que comenzó por el desarrollo de la siderurgia,coincidiendo con la inestabilidad política en el Norte a causa de las guerras carlistas.
La siderurgia andaluza fue la más importante de España entre 1833 y 1866. Se centró en el eje Málaga-Marbella y en Sevilla y Almería:
  • Eje Málaga-Marbella. En 1826, Manuel Agustín Heredia, exportador de vinos y aceites, junto a otros comerciantes, constituyó en Marbella "La Concepción", fábrica de hierro con tres altos hornos - que fueron los primeros de España -. En 1833 entró en funcionamiento en Málaga "La Constancia", altos hornos que utilizaban el método de afinación inglesa. Hacia 1840, Heredia era el primer industrial siderúrgico español. Juan Giró creó en Marbella en 1841 la ferrería "El Ángel", con tres altos hornos para hierro colado.
• Sevilla. En 1840, Narciso Bonaplata levantó en El Pedroso la fundición "San Antonio", y en la capital se crearon los talleres mecánicos de "Portilla Hnos.. & White" en 1857.
  • Almería La entrada en funcionamiento de la ferrería San Ramón en La Garrucha fue la última de un conjunto de pequeñas industrias siderúrgicas.
A partir de 1862, con el cierre de la fundición de "El Ángel", sobrevino la decadencia. El empleo de carbón vegetal como combustible había esquilmado los bosques mediterráneos costeros. El carbón asturiano que comenzó a reemplazarlo no era competitivo. Además, al mismo tiempo la siderurgia del norte, con un carbón barato, experimentó un vertiginoso crecimiento. El hierro andaluz, con un alto coste de combustible, dejó de ser rentable y las fundiciones se vieron abocadas al cierre.
La industria textil andaluza presentó a partir del segundo tercio del siglo XIX un amplio crecimiento, favorecido por el arancel de 1841, que prohibía la importación de paños extranjeros para facilitar la creación de una industria pañera nacional. La manufactura textil andaluza incorporó la mecanización en los sectores tradicionales - lana y lino - y desarrolló un moderno sector algodonero, dependiente del consumo interno En Antequera se desarrolló una importante industria lanera y en Málaga se instalaron varias fábricas de telas de algodón promovidas por las familias Heredia y Larios, como la "Industria Malagueña" -fundada en 1846- que al comienzo de los años sesenta era la segunda industria algodonera "a la inglesa" de España. En Cádiz se formó en 1846 la "Empresa Gaditana de Hilados y Tejidos del Algodón al Vapor", propiedad de miembros de destacadas familias burguesas locales, y que daba trabajo a
250 operarios.
La industria textil andaluza vivió su etapa de mayor esplendor hacia mediados de siglo, pero la falta de mercado exterior, lo reducido de su demanda interna y las crisis económicas de la segunda mitad del XIX la condujo a una decadencia a partir de los años ochenta.
3. Otras industrias
Durante el siglo XIX pervivieron en Andalucía industrias tradicionales como los curtidos, los vinos, los aceites y la molienda de cereal.
La elaboración del vino en la comarca de Jerez se adaptó a los nuevos modos de producción  industrial, sin abandonar la esencia de los métodos tradicionales. La  producción aumentó al tiempo que las trabas administrativas se reducían, con medidas  como la abolición del gremio de vinateros en 1834. A partir de ese momento la producción se concentró en grandes bodegas. Al verse Francia afectada por la filoxera el sector vitivinícola jerezano vivió un momento de expansión, entre 1868 y 1892, aunque la llegada de la plaga a España provocó una crisis pasajera.
La industria azucarera se concentró en Granada. Las fábricas de azúcar a partir de la caña y, posteriormente, de la remolacha, tuvieron gran importancia en la costa y en la vega. A principios del siglo XX esta industria se extendió por varias poblaciones de la región.
La industria naval gaditana había tenido un origen militar. Al centro de reparaciones y construcciones militares del Arsenal de la Carraca se sumaron en 1870 los astilleros de Matagorda -Puerto Real, propiedad de la compañía Trasatlántica- y los de Cádiz -1891, de la Dad. Vea Murguía-.

4. La minería andaluza en el siglo XIX
Andalucía había sido desde la Antigüedad una región minera. Su riqueza en minerales metálicos de plomo, cobre e hierro fueron conocidos por todas las civilizaciones históricas.
Las leyes de minas del siglo XIX supusieron la desamortización del subsuelo. La Ley Minera de 1868 facilitó las concesiones, que podían ser realizadas por los gobernadores civiles de las provincias con carácter perpetuo. A partir de ese momento los concesionarios pasaron a ser los verdaderos y únicos propietarios de las minas.
La mitad de los capitales invertidos en las minas fueron españoles, aunque las empresas mineras más rentables quedaron en poder de compañías extranjeras -fundamentalmente británicas y francesas- capaces de introducir en Andalucía los modernos sistemas de producción europeos y grandes cantidades de capital. Estas compañías, que se hicieron con la explotación de todos los yacimientos mineros, tuvieron como objetivo sacar los máximos beneficios con la menor inversión y en el menor tiempo posible para surtir a las industrias de los países occidentales. Esto se tradujo en un nuevo colonialismo que creó fabulosos negocios pero que sólo dejó en Andalucía exiguos salarios y graves problemas sociales y medioambientales.
Entre 1861 y 1910 la minería andaluza suministró la octava parte de la producción mundial de plomo, la décima de cobre y la tercera parte de la producción de piritas de hierro y cobre para obtener azufre. En 1910 la minería daba empleo a 50 000 mineros en actividades de laboreo - extracción y lavado o selección del mineral - y a más de 7 000 en funciones de fundición o transformación industrial del mineral, lo que nos proporciona una idea de la importancia de esta actividad económica en Andalucía.
Plomo
La galena andaluza era de una alta calidad, con un tenor de hasta el 80 %. El espectacular aumento de la demanda de este producto en los mercados europeos desató una "fiebre del plomo" que afectó a los ricos yacimientos andaluces.
En la provincia de Almería se pusieron en explotación los filones de la sierra de Gádor, en la que se desplegaron multitud de pequeñas concesiones mineras. Como estaba prohibida la exportación del mineral en bruto, las labores de fundición del plomo se  llevaron a cabo en las cercanías de las minas, en fundiciones artesanales, de tecnología rudimentaria y combustible vegetal - esparto -, conocidas como boliches.
Hacia 1836 se dio una crisis coyuntural del sector del plomo, con una caída de su precio. Los yacimientos de Sierra Almagrera, en el levante almeriense, con filones fáciles de extraer, de gran riqueza y con contenido de plata, se pusieron en explotación. Se erigieron fundiciones modernas, que utilizaban máquinas de vapor y hornos ingleses, propiedad de la burguesía comercial malagueña. Esta fase, de capital autóctono y carente de la tecnología extranjera, se prolongó hasta 1868. La escasa acumulación de capital, la atomización de las explotaciones y el insuficiente espíritu de empresa impidieron el despegue de esta actividad. El plomo, en lingotes de 50 a 60 Kg., se llevaba en carretas hasta la costa, donde se embarcaba en gabarras y desde allí se transportaba a los barcos.
A partir de 1869 se produjo el cambio de la hegemonía del sureste en favor de los yacimientos de Sierra Morena. Este hecho estuvo en relación con la construcción del ferrocarril entre Bélmez y Córdoba en 1873, lo que permitió el abastecimiento de carbón cordobés a la metalurgia de Linares-La Carolina. En esta zona se produjo la progresiva entrada de empresas extranjeras - británicas, francesas y belgas -, que dominaron la producción hasta la primera guerra mundial. Las fábricas de plomo alcanzaron grandes dimensiones y aumentó la producción y los beneficios, cuya mayor parte no fue reinvertida en Andalucía. A partir de 1890 la producción de plomo inició un lento descenso debido al agotamiento de los mejores filones. A partir de 1914 pasó a poder de los españoles por la retirada de capital extranjero.
Durante los primeros años del siglo XX se mantuvo la actividad en el distrito minero de Linares - La Carolina - y creció la importancia de la sierra de Córdoba, ambos en poder de la francesa Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya.
Cobre
El desarrollo de la electricidad en los países industrializados disparó el consumo de este producto. La riqueza de minerales de cobre - piritas cobrizas - de la comarca de Riotinto era bien conocida desde milenios. En 1855 había surgido la francesa Cie. de Mines de Cuivre d'Huelva, participada por los hermanos Pereire. En 1866 alquiló sus instalaciones a la Tharsis Sulphur and Copper Mines Ltd. de Glasgow que construyó el ferrocarril que conectaba el área minera con Huelva para la exportación del metal. A esta empresa se unió la también británica Riotinto Co. Ltd., constituida en 1872, tras la compra al Estado del emblemático yacimiento de Riotinto. Ambas acapararon hasta 1913 el negocio del cobre onubense. En 1913, el 66% del mineral de cobre producido en el mundo provenía de Huelva y las minas y metalurgia del cobre daba empleo a 20.000 personas. Los salarios se mantuvieron muy bajos y la política represiva ejercida sobre los mineros, que impidió la obtención de mejoras, proporcionó unos enormes beneficios que se exportaron en su totalidad lo que no permitió el desarrollo de la comarca.
Otro producto que se extrajo de las piritas de Huelva fue el azufre, muy demandado en Europa para la obtención de ácido sulfúrico.

Hierro
El mineral de hierro - carbonatos y óxidos de hierro - conoció un esplendor efímero a fines de siglo. Se llevó a cabo con capitales foráneos, vascos e ingleses. La minería del hierro, concentrada fundamentalmente en Almería, no fue acompañada de una industria metalúrgica asociada - como en el plomo - sino que el hierro se exportó en bruto o sometido a un proceso previo en hornos de calcinación para aumentar la pureza de los minerales. El gran volumen de estos y su escaso valor propiciaron la mecanización de su transporte hasta la costa, en la que era recogido en barcos. Para ello se construyó una importante infraestructura ya que los yacimientos se encontraban en el interior: líneas de ferrocarril, cables mineros y embarcaderos. El apogeo de la demanda del hierro se dio entre 1890 y 1914.
Carbón
El carbón de Villanueva del Río - Sevilla -, cuyas primeras galerías se abrieron en el siglo XVIII, abasteció a los altos hornos de El Pedroso pero más importante fue la cuenca hullera cordobesa del Guadiato, en Sierra Morena, que alcanzó un gran auge durante la segunda mitad del siglo XIX. Esta llegó a ser considerada como la mayor explotación carbonífera de Andalucía. Por ella se interesaron los Heredia, Loring y Larios, a la búsqueda de carbón para sus siderurgias malagueñas.
5. El ferrocarril, la banca y el comercio exterior
Los ferrocarriles andaluces estuvieron condicionados por el trazado radial determinado por la legislación nacional y por las necesidades de la exportación de productos agrícolas y mineros. El 23 de septiembre de 1829, José Díaz Imbrechts obtuvo del gobierno de Fernando VII la primera concesión de España para construir un ferrocarril, que uniese Jerez con el embarcadero del Portal en el Puerto de Santa María, con vistas a la exportación del vino jerezano. Pero diversas dificultades fueron aplazando el proyecto y en 1854 entró en funcionamiento el primer tramo entre Jerez y el Puerto de Santa María.
La línea Córdoba-Sevilla se puso en marcha en 1859 y se conectó con Madrid en 1861, tras superar el difícil obstáculo de Despeñaperros. La apertura de la línea Córdoba-Málaga tuvo una importante repercusión económica pues permitió el intercambio del carbón de la sierra con los productos agrícolas de la costa. A partir de 1877 la compañía MZA controló la mayor parte del trazado ferroviario andaluz. En la economía y en la sociedad andaluza tuvieron gran trascendencia los ferrocarriles mineros de Huelva y de Almería, que conectaban los distritos mineros del interior con los puertos costeros.
Numerosas entidades financieras surgieron en este momento, como los bancos - el banco de San Fernando de Cádiz en 1846 y el Banco de Málaga en 1856 - y las cajas de ahorro, además de compañías de seguros y empresas dedicadas a la exportación, todas ellas promovidas por el capital comercial e industrial.
El comercio alcanzó un gran volumen. Andalucía, con un nivel de consumo muy bajo, quedó relegada al papel de suministradora de materias primas: exportaba vino, minerales metálicos, metales - especialmente plomo -, aceite y pasas. Los principales puertos fueron Cádiz, Málaga y Almería.
6. El declive industrial andaluz
A finales del siglo XIX el inicial impulso industrial andaluz había quedado frenado. Un conjunto de motivos explican este fracaso:
  • La caída de precios en el mercado internacional de productos poco elaborados de los que era productora Andalucía: hierro, metales, tejidos de algodón.
  • Las escasas iniciativas empresariales, con una burguesía relativamente débil.
  • La falta de capitales, debido su desplazamiento a otras regiones.
  • El colonialismo económico de los intereses extranjeros, única fuerza inversora en el caso de la minería, pero volcada en la explotación de minerales para el mercado exterior.
  • La injusta situación socioeconómica, con una propiedad concentrada y bajos salarios, causas de una efervescencia revolucionaria latente.
  • La falta de un "mercado andaluz", debido a la carencia de una red de ferrocarriles o carreteras internas y al bajo nivel adquisitivo de los andaluces.
Todo ello determinó que las enormes expectativas que se habían despertado a comienzos del siglo XIX no cuajasen y Andalucía, cien años después, no había perdido su perfil fundamentalmente agrario.