jueves, 9 de octubre de 2014

República y Guerra Civil en Andalucia



PINCHA EN LA IMAGEN


En los albores del siglo XX Andalucía seguía sumida en la crisis y lastrada por la pervivencia de sus injustas estructuras agrarias.
Blas Infante
La restauración de la Monarquía trajo consigo una fuerte incidencia del caciquismo como práctica política generalizada, si bien el problema del desempleo fue paliado durante la década de los años 20 con las obras de infraestructuras impulsadas por la Dictadura de Primo de Rivera. En 1929 se celebró en Sevilla la Exposición Iberoamericana, que supuso una gran oportunidad de modernización para esta ciudad.
La falta de libertades y los problemas económicos acabaron con la Monarquía y en 1931 se proclamó la Segunda República Española, cuyo primer presidente fue el cordobés Niceto Alcalá Zamora. La inestabilidad política de este periodo, agudizada por el efecto retardado de la gran crisis del 29, impidió que se avanzara en la siempre aplazada reforma agraria. Tampoco pudo ver la luz el Estatuto de Autonomía de Andalucía, impulsado por Blas Infante.
Plaza de España de Sevilla
Tras la victoria de la izquierda en las elecciones de 1936, la sublevación militar del general Franco contra la República abrió el camino hacia la Guerra Civil, que se prolongó hasta 1939 y que tuvo sus secuelas algunos años más con la dura represión ejercida por el bando vencedor. Durante la mayor parte de la contienda, las provincias occidentales quedaron bajo el control de los sublevados, mientras la zona oriental permaneció dentro del territorio republicano.
Con la derrota de la República, se inicia la prolongada dictadura del general Franco, durante la cual tampoco se solucionará el endémico problema agrario. Como consecuencia, centenares de miles de andaluces se ven obligados a emigrar a Cataluña, País Vasco, Madrid y diversos países europeos y americanos. A partir de los años 60, el desarrollo del turismo se convierte en la principal válvula de escape que alivia los problemas económicos.


martes, 7 de octubre de 2014

El Desierto de Tabernas



PINCHA EN LA IMAGEN

El desierto de Tabernas es un desierto localizado en la provincia de Almería (España), a unos 30 km al norte de la capital, Almería, en los términos municipales de TabernasGádor,Santa CruzAlboloduy y Gérgal de la provincia de Almería y protegido como Paraje Naturalen una extensión de 280 km2. Es la única zona considerada como desierto propiamente dicho en todo el continente europeo.
Las pocas lluvias suelen ser torrenciales, con lo que el pobre suelo de margas y areniscassedimentarias que posee muy poca vegetación no consigue retener humedad, sino que al contrario sufre mayor erosión formando los característicos paisajes de badlands.


viernes, 3 de octubre de 2014

«Los moriscos que llegaron a Túnez eran rubios y tenían los ojos azules»




¿Dónde es más famoso el arroz con leche, en nuestro país o en Túnez? ¿Y los pestiños, el turrón o el mazapán? La receta de estos postres de los que nos sentimos tan orgullosos en España viajó al otro lado del Mediterráneo, hace cuatrocientos años, formando parte del inmenso equipaje cultural que los moriscos expulsados de nuestro país extendieron por el mundo. Son sabores que compartimos, como tantas otras cosas. Nos lo explica Raja Yassine Bahri, profesora de la Universidad de la Manouba, en Túnez, y ponente en el Congreso Internacional sobre los moriscos que se celebra estos días en Granada con expertos internacionales.
-Empezar hablando de dulces me parece muy apetecible...
-Y a mí, porque la cocina es un aspecto fundamental de una cultura, y Túnez y España comparten postres deliciosos que son tan famosos allí como aquí: turrón, pestiños, torrijas, garrapiñadas, mantecados. y entre las comidas, los fideos, por ejemplo, es uno de los platos tradicionales. Y las empanadas, incluso tenemos una variedad de aceituna sevillana, deliciosa.
-¡Entonces en nuestro país se sentirá usted como en casa!
-¡Sí!, desde luego. Y estoy segura que les ocurre igual a los españoles que van a Túnez. Estamos felices de haber sido invitados a un congreso tan amplio, nunca antes se había celebrado un encuentro sobre esta tragedia de la expulsión de los moriscos con especialistas de todos los lugares del mundo. Está muy bien organizado.
Cristianos, en su mayoría
-¿Cómo eran los moriscos que llegaron a Túnez en el siglo XVII?
-Vinieron fundamentalmente de Aragón, casi todos eran rubios y con los ojos azules, y además cristianos que hablaban en castellano, en su mayoría. En un principio se esperaba un contingente de unas 80.000 personas.
-¿Se les permitió llevar al exilio todo lo que quisieron?
-Algunos llegaron con las manos vacías, a pie; otros, a caballo; incluso hubo gente que pudo traerse pertenencias e incluso a sus criados.
-¿Cómo se organizaron para vivir?
-Los más ricos, intelectuales o con oficios como el de médico se quedaron en la capital y alrededores. Los pobres y agricultores marcharon al campo, a los pueblos.
-¿Fue buena la llegada de estos extranjeros?
-Muy positiva, porque venían de un lugar mucho más avanzado de lo que estaba Túnez en aquel momento. Los campesinos, verdaderos maestros de la agricultura, levantaron el campo en muy poco tiempo, hasta el punto de que muchas personas se rebelaron contra ellos por envidias, porque cambiaron el panorama físico, a los dos años todo estaba florido, había árboles frutales, ¡igual que en España! Algunos de estos moriscos tuvieron que volver a hacer las maletas y, de nuevo, huir a causa de estos celos. Fundaron pueblos en la parte norte del país como Bizerta, Raf Raf, Soliman, Zaghouan o Ras El Jebel.
-¿Es cierto que mucha gente aún guarda las llaves de sus casas de España?
Sí, hay muchas familias originarias de España que se sienten orgullosísimas de su pasado. Con apellidos como Sechilla (procedentes de Sevilla), Cortobi (Córdoba), Andulsi (Andalucía) o, simplemente, Morisco.
-¿Y existe el deseo de recuperar lo que fue suyo, de una reconquista de Al-Andalus, como tantas veces se habla aquí, en España?
-En absoluto, nunca he escuchado a nadie decir algo así, eso es una tontería. Existe un sentimiento de nostalgia pero nadie habla de reconquistar. Lo único que hay es un deseo de acercamiento e intercambio, sobre todo en el plano cultural y científico.
-¿Pero quién quiere más a quién?
-Nosotros a vosotros, sin lugar a dudas. Los tunecinos sienten un enorme sentimiento de amor hacia España, que no tienen hacia otros países europeos. No lo veo tanto al revés.
Ropa, artesanía y bodas
-¿Qué otras tradiciones españolas perviven aún en Túnez?
-Muchas. Por ejemplo, en la artesanía. Y en la ropa todavía se utilizan trajes moriscos como la jobba, bordada con hilos dorados; la melena, traje muy amplio que llevaba la mujer morisca y la cofia sobre la cabeza, para las fiestas tradicionales.
-¿Y las bodas?
-En pueblos como Kalaat al-Andalus o Solimán, se continúa celebrando el matrimonio, hoy día, como se hacía en España antes de la expulsión. La fiesta dura tres días donde se baila, se canta, se tocan instrumentos musicales. Al tercer día el novio, rodeado de músicos, va a casa de la novia para recogerla rodeada de velas.
-¿Qué documentos existen sobre la vida de los moriscos en Túnez?
Hay uno fundamental, el diario del padre trinitario Francisco Ximénez, que tituló Diario de Túnez. Se trata de un manuscrito de siete volúmenes, unos 3.500 folios, que hemos descubierto en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid. El padre Ximénez estuvo en Túnez de 1720 a 1735. Uno de los fragmentos de su diario dice: 'Me parecía que estaba en una población de España. Este lugar está situado en una llanura cerca del río Macherda. Lo fundaron los moros andaluces que vinieron de España. Quisieron imitar a Granada en su fundación y a un barrio le llamaron Alhambra y otros nombres como en Granada. Todas las noches me hacían sentar en la calle a coger el fresco y de esta suerte estábamos parlando largamente en español. Referían muchos romances antiguos de Calahinos, de los infantes de Lara, de los moros de Granada, de suerte que me parecía estar en un lugar de España'.
-En consecuencia, lo que ha quedado es un gran mestizaje y una unión de culturas
-Así lo atestigua el padre Ximénez, que confirma la presencia morisca en Túnez. En efecto, la llegada de estas personas expulsadas de España ha metamorfoseado, profundamente, la sociedad tunecina de la época y su influencia llega hasta la actualidad.
-¿Algún ejemplo más de la vida práctica?
-Sin ir más lejos esta fotografía (Raja Yassine abre una guía de Túnez y aparece un rincón lleno de casas encaladas y tejados)... ¿sabrías decir si se trata de Túnez o de España?, pregunta. Le contesto que, efectivamente, no. Pues aquí hay una prueba más de la influencia de España.

jueves, 2 de octubre de 2014

La Guerra de Cuba La Generacion del 98 La Restauración y Andalucia


PINCHA EN LA IMAGEN

La sociedad española de finales del siglo XIX y comienzos del XX estaba pasando una grave crisis. A finales del XIX, durante la Restauración, España vivía inmersa en una profunda depresión económica y social. El caciquismo viciaba toda la vida democrática. El país estaba regido por una administración ineficaz y corrupta. El Parlamento no representaba a la ciudadanía. Un desánimo general invadía a una nación que antaño había sido un gran imperio “en el que no se ponía el sol”.
La périda de las últimas colonias de ultramar (Cuba, Filipinas, Puerto Rico) en 1898 fue un hecho histórico gravemente traumático para los españoles de fin de siglo. El país ofrecía un perfil de absoluto inmovilismo propio de una sociedad agraria atrasada, reacia a cualquier innovación.
Esta situación de depresión propició el surgimiento de un pequeño grupo de la clase media que intentó presentar alternativas al estancamiento político y cultural del país proponiendo una “regeneración” nacional a nivel económico, político y social. Ante la desmoralización colectiva los “regeneracionistas” intentan levantar una sociedad en ruinas.
«José María Jover Zamora (“Historia de España” de Espasa Calpe, “El reinado de Alfonso XIII”) es prudente al preguntarse ¿cuándo termina el siglo XIX y comienza el siglo XX? Para Jover, la década decisiva, que transcurre entre 1895 y 1905, constituye la verdadera transición entre ambos siglos. Durante esa década, la Alemania de Guillermo II -retirado Bismarck-, que ya era una de las «grandes potencias europeas», pasa a convertirse en «gran potencia mundial». Y por vez primera entran en ese concepto dos potencias extraeuropeas: Estados Unidos, que desde 1894 figura en cabeza de la producción siderúrgica mundial -y esto significa poder naval-, y Japón, desde 1905, por su victoria sobre Rusia. Las potencias pasan de buscar el equilibrio mutuo a procurar el dominio personal de los mares. En esa década se alberga el año 1898, tan terrible para España, que pierde en Cuba, Puerto Rico y Filipinas los últimos jirones de su imperio, y representa para Jover el verdadero comienzo del reinado de Alfonso XIII. El cual periodo tampoco termina con la salida, en 1931, del Monarca del Palacio de Oriente, sino en 1936, al estallar la guerra civil, «cuya gestación transcurre al hilo de aquel reinado y sería inadmisible encerrarla en el lustro de la II República». El reinado del último Alfonso abarcaría así cuatro años antes de su mayoría de edad y cinco años después de su triste partida hacia el exilio.
Pero España no fue la única nación europea que padeció en torno al 98, y puede hablarse de los „noventa y ochos“ de varias naciones latinas: Portugal, en 1890, con el inesperado ultimátum que le dio Inglaterra, su aliada habitual, exigiendo la retirada de las fuerzas portuguesas en sus intentos de enlazar sus posesiones de Angola y Mozambique; Italia, con su derrota colonial de Adua, el 1 de marzo de 1896; Francia, humillada por los ingleses en Fachoda, en 1898: el general Marchand había tomado la ciudad del Sudán, en el curso superior del Nilo, y el general inglés Kitchener avanzó también sobre ella exigiendo la retirada de los franceses. El Gobierno galo, ante la situación crítica del país, dividido por el asunto Dreyfus, tuvo que ordenar finalmente la retirada y renunciar a todos sus intereses en el Sudán. Y por último, nuestro desastre del 98.
Enseguida se elevó la voz de Salisbury -que gobernó Inglaterra precisamente en la mayor parte de la década decisiva - hablando de las «naciones vivas» -las anglosajonas- y las «naciones moribundas» -las latinas-, las cuales serían poco a poco ocupadas por las primeras. No citaba nombres, pero no se dudó -aunque el propio Salisbury lo desmintiera- que también se refería a toda la península Ibérica.»

Cuando hablan de Paro en España, es real ?



Andalucía acapara más de la mitad del aumento del paro de toda España



El número de parados registrados en las oficinas del Instituto Nacional de Empleo (INEM) en Andalucía ha aumentado en el mes de septiembre en 10.665 personas, lo que supone una subida del 1,05 por ciento respecto al mes anterior, según los datos facilitados este jueves por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, con lo que se alcanza los 1.029.097 desempleados en Andalucía.
Asimismo, en términos interanuales, el paro ha descendido en 20.359 personas en el noveno mes, lo que representa una bajada del 1,94 por ciento respecto al mismo mes del año anterior.
A nivel nacional, el número de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo (antiguo Inem) se situó al finalizar septiembre en 4.447.650 personas, tras subir en 19.720 desempleados respecto al mes anterior, su menor incremento en este mes desde 2007.
Con el aumento de septiembre, el paro encadena dos meses consecutivos de incrementos. Septiembre es un mes en el que suele aumentar el paro por el fin de la campaña de verano. Desde el comienzo de la serie, en 1996, sólo en los años 2005, 2006 y 2007 se redujo el desempleo. El año pasado, el paro subió en septiembre en 25.572 personas y, hasta la fecha, el incremento más elevado corresponde a septiembre de 2011, con 95.817 parados más.
En los últimos seis años, el paro registrado ha aumentado por término medio en los meses de septiembre en más de 70.000 personas, según ha recordado el Ministerio.
En Andalucía, por sectores, el paro registrado en Andalucía ha subido especialmente en el sector Servicios, con 18.782 parados más, junto al colectivo de sin empleo anterior (+2.933); mientras que en el resto de sectores se registraron bajadas. En concreto, en Agricultura descendió en  7.209, en la Construcción, en 2.677, y en la Industria, en 1.164.
Por sexos, de los 1.029.097 desempleados registrados el pasado mes en Andalucía, la mayor parte fueron mujeres, con 543.197 desempleadas, mientras que 485.900 eran hombres.
El desempleo registrado en el INEM ha bajado en septiembre sólo en la provincia de Sevilla, mientras que en las siete restantes ha aumentado. En detalle, en la capital andaluza ha bajado en 3.572 parados (-1,44% respecto al mes anterior), mientras que en Cádiz ha aumentado en 6.372 (+3.55%); en Málaga, en 2.761 (+1,50%); en Granada, en 2.133 (+2,10%); en Huelva, en 1.123 (+1,86%); en Jaén, en 1.084 (+1,66%), y en Córdoba aumentó en 416 parados más (+0,44%).
SEGURIDAD SOCIAL
De otro lado, la afiliación media a la Seguridad Social ha descendido en Andalucía en 2.758 parados (-0,10%) en el mes de septiembre en relación con la media del mes anterior, con lo que la afiliación media se situó en 2.675.010 ocupados en la Comunidad.
En relación con el mismo mes del año anterior, la afiliación media ha subido en 57.368 personas, lo que supone un incremento del 2,19 por ciento.
A nivel nacional, la Seguridad Social ganó en septiembre una media de 12.182 afiliados (+0,07%), lo que situó el total de ocupados en 16.661.703 afiliados.
En lo que respecta a la contratación, el número total de contratos registrados en septiembre en Andalucía ascendió a 2.950.685, de los que 2.841.279 fueron contratos temporales, el 96,29 por ciento del total, y el resto, 109.406, fueron indefinidos, un 3,71 por ciento del total.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Los Últimos de Al-Ándalus






Los últimos de Al-Andalus
Eugeni Casanovas
El reportaje  original fue publicado por el diario catalán LAVANGUARDIA, en su suplemento Revista, en las páginas centrales 10 y 11, el día 12 de noviembre de 2.006.

En la sierra del Segura se mantiene el recuerdo de descendientes de moriscos que practicaban costumbres musulmanas 
Juan López González se postraba de rodillas mirando al este y tocaba repetidamente con la frente en el suelo. Al sol le llamaba a veces Mahoma. A menudo recitaba unas salmodias incomprensibles con un libro viejísimo en las manos, con tapas negras de madera, que escondía dentro de una talega en una viga. En Semana Santa, cuando por el pueblo desfilaban procesiones, él no probaba ningún alimento mientras hubiese luz natural. Esos días, colocaba un plato vuelto del revés en el umbral de la puerta de su cortijo: Un día que un vecino le preguntó porqué lo hacía, respondió ruborizado que era para que el plato se secase. “Es que estaba muerto de miedo, siempre se escondía y me pedía a mí que no contase nada de lo que le veía hacer -explica hoy su hija Venerada-; él y su hermano salían a rezar al campo, para que nadie les viese”. Antes de comer, inclinaba la cabeza y susurraba una salmodia en la que repetía mucho Alá. Tenía expresiones propias: decía arua jimena (ven aquí) jarria (mierda), quém (perro)… “Es nuestra tradición -me contaba-pero eso no debes decirlo fuera de casa”.
Juan López murió en 1986, cuando Vene, así la llama todo el mundo-contaba 31 años. Ella se fue entonces a trabajar a Francia. En su pueblo, Riópar, inmerso en la Sierra del Segura, se pasaban tiempos de estrechez. La mujer se llevó una sorpresa mayúscula en su lugar de trabajo cuando oyó que un compañero marroquí le decía arua jimena, como su padre. El marroquí le enseñó un Corán y Vene lo asoció inmediatamente con el librote que su padre bajaba con una pértiga de la viga. Llena de curiosidad, buscó el texto en español y comprobó que allí se citaban las uríes, otra palabra de su padre. Vene duda de que su progenitor entendiese gran cosa: “Se ponía las gafas y lo abría, pero yo le preguntaba cosas de él .y no sabía responderlas”.
Vene vive hoy en el cortijo de su padre, llamado Martínez Campos porque, dicen, fue del general. Su progenitor había nacido en él. El padre de él era de Bogarra, un lugar vecino. Su bisabuelo procedía de Las Casicas del Segura, otra aldea cercana. A pesar de éste pedigrí, su padre y su abuelo decían siempre que la familia era “de Granada”, Y cuando precisaban más, de las Alpujarras y de Motril. Sin embargo se trataba de una especie de me memoria ancestral, porque no había constancia de qué antepasados se habían trasladado hasta la Sierra del Segura. Esa memoria también había transportado a través de los siglos el recuerdo de Abén Humeya, “que era nuestro rey, un santo varón, un gran hombre”, en palabras del padre.
Juan López fue quizás el último, pero no el único. Aurelio Amores, que nació en 1918, recuerda que en su juventud los más mayores de Riópar Viejo (el núcleo original del pueblo), donde él vivía, “adoraban al sol” al amanecer. “Se asomaban a los riscos de levante y se hincaban de rodillas y hacían reverencias”, asegura. “No eran pocos; había, al menos, una docena”, y repetían jati mali. Aurelio tiene bien claro porqué los viejos ejecutaban este ritual: “Era su religión, adoraban al sol como nosotros lo hacemos con Jesucristo”. En ningún momento se le ocurre vincular estos actos con el Islam, del que él no tiene noticias. Dos generaciones anteriores a la suya estas prácticas estaban generalizadas en su vallé. “Mis abuelos me contaban que cuando ellos eran jóvenes había muchos viejos que se postraban mirando al levante varias veces al día”, explica.
Riópar está situado en el sur de la provincia de Albacete, tocando a la de Jaén, en un valle cerrado al que sólo puede accederse a través de tres puertos situados entre los 1.100 y los 1.400 metros de altitud, nevados en invierno: “Hasta hace muy poco esto estaba perdido de la mano de Dios”, explica Juan Valero Valdelvira, un empresario de 50 años que tiene una empresa de producción de maderas nobles. “Cuando yo era pequeño aún no había carreteras y la población vivía en cortijos diseminados por el monte; está claro qué aquí no llegó la inquisición y en el momento de la expulsión en 1609 los musulmanes nativos no fueron molestados”.
El padre de Juan Valero era matarife y él le acompañaba por los cortijos de la sierra a hacer su trabajo. “Estuviera donde estuviera la casa siempre situaban la mesa de la matanza encarada al este, con una desviación de cinco grados hacia el sur, exactamente la dirección de La Meca. Yo me di cuenta de eso hace diez años y pregunté a diferentes cortijeros porqué ponían la mesa en esa posición. La respuesta invariable era que siempre había puesto así” .Valero cuenta que las costumbres de su abuelo eran de musulmán, por su austeridad, por su visión de la vida…aunque él mismo no lo sabía. El le llamaba “hermano”, un apelativo que se daba a la gente mayor y respetada, como se hace en árabe. Su abuelo que no se movió nunca del pueblo hablaba siempre con nostalgia de Granada e indicaba el camino por el que se va a la vieja capital nazarí. Él todavía celebraba la vieja costumbre moruna de dar de comer a los animales lo mismo que a las personas un día al año, y para matar una bestia pedía permiso a las alturas. Pensaba, como hoy todos los viejos del valle, que una mujer no puede subir a un árbol cuando menstrúa, porque éste se secará según anuncia el Corán.
Indumentarias características
En las familias de tradición musulmana aún hay recuerdos de la indumentaria característica. Vene había oído en casa que el abuelo de su abuelo llevaba siempre “una bata” encima de los pantalones y la camisa, “una chilaba”. Su abuelo le contaba que iba a trabajar al campo con ella. El último de Riópar en llevar bata fue el llamado tío Sayas por su atuendo. Murió en 1971 y su recuerdo sigue muy vivo. “Dicen que llevaba la saya porque tenia incontinencia urinaria, pero es obvio que él no la había improvisado”; comenta Juan Valero. Su propio bisabuelo llevaba un pañuelo envuelto en la cabeza; “al estilo morisco”.
La madre de Juan Valero, Aurora Valdelvira, todavía sabe anudar el pañuelo de esa manera y tiene recuerdos también de una persona que se arrodillaba y hacía reverencias: “Yo veía hacer eso a un labrador, Lorenzo Castillo Peinado, hará unos sesenta años. Dejaba el tiro del arado a un lado y se agachaba y se levantaba en dirección al Collado de la Rambla, -la dirección de La Meca-. ¿Qué hace éste?, me preguntaba yo”.
Aurora coincide con su hijo en que su suegro “tenía muchas cosas de moro”. Recuerda su petición de mano y su boda, en que los padres del novio adornaron caballerías con colchas de cama y fueron hasta su cortijo, donde se hizo una fiesta con vino azucarado y dulces. A ella le pusieron un delantal y todos le tiraban dinero en él. Cuando murió la hermana de su padre la amortajaron de blanco y le pusieron un ramo de flores en las manos, y la velaron durante toda la noche. Juan Valero explica que casi todas estas costumbres y muchas otras de Riópar se ven reflejadas en el libro de Gerald Brenan “Al sur de Granada”. El escritor inglés vivió en la década de 1920 en un pueblo de Las Alpujarras, Yegen, y describió el carácter y las costumbres de sus gentes.
La cocina es otro elemento muy particular en las familias tradicionales de Riópar. El padre de Vene preparaba cuscus (“él lo llamaba así”), con cordero, patatas, garbanzos Y harina tostada, con un sofrito de cebolla, tomate y perejil. Pero lo que más recuerda son las almujábenas, unos dulces que se hacen en distintos lugares, que su padre enseñó a preparar a su madre -que no compartía sus tradiciones- y que se comían durante la Semana Santa, con harina, huevos, agua y azúcar. Aurora Valdelvira prepara, por su parte, nuégadas, unas bolas hechas con nuez y azúcar tostado.
El padre, cuyo oficio era resinero de monte y apenas salió de Riópar, decía a Vene que los árabes gustaban mucho de los dulces y que los hacían con miel. Luego de muchos años, ella ha vuelto a preparar almujábenas y otra repostería de la que se hacía en su casa, y ha empezado a servirla a sus huéspedes, porque, tiene habitaciones, de turismo rural.
Cuando Juan López y su hermano ayunaban por Semana Santa, hacían un preparado con harina, que comían antes del amanecer y al anochecer, pero Vene no sabe exactamente qué era. En esos días no fumaban ni tomaban vino. Vene explica que una tarta hecha con manteca de cerdo tradicional en Riópar en su casa se hacía siempre con manteca de vaca.“
Mahoma debe estar radiante
Vene tuvo que hacer la comunión como todas los niños del pueblo y su padre se llevó un disgusto; “él jamás entraba en la iglesia”. “Mi madre insistió en que la hiciera porque `”si no, nos iban a señalar”, pero yo fui la única que no fue a la catequesis”. Con el matrimonio, muerto ya Franco, ya no tuvieron reparos. “Yo no me casé por Iglesia: mi padre no quería”, explica. Aunque sí tuvo una pequeña ceremonia casera: Su progenitor hizo unas señas con la mano delante de ella y le dijo: “Salte de la casa y echa el pie derecho hacia delante, y ya serás para él el resto de la vida”. Antes le había a advertido: “No te has de casar un día de lluvia o nublado, tiene que estar el cielo claro; Mahoma debe estar radiante”.
Juan López explicaba a su hija que su identidad era postiza. “Nosotros venimos de la raza de los Caravavantes y de los Navalón; perdimos el nombre y nos pusieron otro”. En este sentido, Juan Valero tiene muy claro de dónde vienen muchos de los apellidos del valle y la trayectoria que han seguido. “Mi segundo apellido, Valdelvira, es bab elvira (puerta bella) -es famosa la de Granada-, y los que se llamaban así jamás fueron bautizados, lo mismo que los Banegas a los Alarcón, es decir, nunca hicieron la conversión oficial al cristianismo, y eso se sabe en las familias”. En Riópar se han conservado también algunos términos árabes particulares –Valero ha recogido más de 200- como aljuma (hoja de pino) y estar en fárfaras (sin vigor).
Un tonillo característico
El pueblo murciano de Albudeite es quizás el único lugar del antiguo Al Andalus donde ha permanecido el acento propio de los árabes. Sus habitantes conservan una cantinela peculiar que llaman tonillo y, además, no usan el pretérito indefinido (no dicen, por ejemplo, “he estado ”sino “estuve”), un tiempo verbal inexistente en la lengua árabe de sus antepasados. El alcalde la población, Joaquín Martínez, explica que en la tradición local se ha conservado que “vienen de moros” y, por supuesto, en los pueblos vecinos se han encargado de recordárselo con motes y chirigotas, en los cuales siempre figura el mismo gentilicio: moro. La memoria popular vino a confirmarse cuando el historiador Juan González Castaño dio con un documento que probaba que Albudeite fue respetado en la expulsión general de los moriscos. “No se sabe por qué razón, pero la cuestión es que aquí se quedó el pueblo entero”, explica el estudioso, que especifica que esto no sucedió en ningún otro lugar de la Península.
Murcia fue el último lugar en expulsar a sus moriscos. La conquista se había producido en 1.252 y los descendientes de musulmanes estaban muy asimilados. Ello hizo que desde los estamentos del reino se mandaran súplicas a Felipe II para que les permitiera quedarse, porque la mayoría eran católicos practicantes y tenían buena vecindad con los llamados cristianos viejos. Por esta razón, la expulsión general de 1.609 y 1.610 los respetó, pero el rey, presionado por una parte de los intransigentes del Consejo Real y, de otra, por los defensores de los moriscos, mandó en 1.612 a un dominico (la orden de la Inquisición), Juan de Pereda, para que informara sobre la conducta de los descendientes de musulmanes. El fraile recorrió durante dos meses muchos de los pueblos donde había mudéjares y entrevistó a centenares de personas. Comenzó en el Valle de Ricote (1), poblado casi enteramente por antiguos musulmanes (Cervantes llama, justamente, Ricote al morisco que aparece en el Quijote), y siguió el curso del Segura hasta Murcia. El dominico contabiliza que en Albudeite había 312 mudéjares y sólo seis cristianos viejos. El fraile señala tonillo en los habitantes de Priego –“donde hay 935 mudéjares y 59 cristianos viejos”-, Fortuna –“684 mudéjares y 54 cristianos viejos”-; “en este lugar se conoce algo más el tonillo de moriscos y también retienen el modo de llorar a los muertos” (otro signo musulmán) y en el Valle de Ricote encuentra el tonillo en todos los pueblos. Concretamente en Ricote y en Ojós “dicese desta gente que tienen más tonillo que otros y que en el comer tocino se excusan más que en otras partes”. A pesar de estas reminiscencias, el dominico concluyó que “a mi parecer hay bastantisimo testimonio para darlos por buenos cristianos y fieles vasallos de Su Majestad”. Con todo, los moriscos murcianos fueron expulsados a principios de 1.614. Juan González Castaño, que ha publicado el informe de Juan de Pereda explica que “muchos se quedaron camuflados; otros, protegidos por señores y convecinos; otros profesando en conventos deprisa y corriendo…y otros volvieron al cabo del tiempo y reclamaron sus tierras y demás posesiones”. Una mayoría se refugió en el reino de Valencia y luego regresaron a Murcia, donde un informe de agosto de 1.615 explicaba que “hay tantos que parece que no se ha hecho la expulsión”. Esto fue general en todos los reinos peninsulares, donde, sumados a los convertidos de antiguo, se quedaron muchos más de los que se fueron. En lugares como las Alpujarras, Gerald Brenan constató que a principios del siglo XX conservaban muchas de sus viejas tradiciones.